El trabajo de Tulio Romano

(Este texto se presentó como prólogo a la muestra retrospectiva de Tulio Romano, realizada en 2017 en el Palais de Glace de Buenos Aires).

 

La práctica del arte es un trabajo. Un trabajo peculiar, autónomo, a veces inconstante, temperamental, idiosincrático, equívoco, apasionado y obsesivo la más de las veces, conflictivo y asombroso.

Pero trabajo al fin, quiero decir : dotado de exigencias, continuidad, regularidad variable, pero siempre trabajo. O sea, ir al taller a diario, o casi a diario y trabajar.

Tener buenas ideas, a veces pocas ideas, a veces desbordar de ideas, buenas ideas, ideas mediocres, algunas ideas, y trabajar.

Recordar la historia, recordar autores, recordar obras, y trabajar.

Conocer artistas, conocer sus obras, asistir a sus muestras, disfrutarlas o descorazonarse, volver entusiasmados o con algunas desazones, y trabajar.

Vivir y vivir en el taller. La mitad de la vida, a veces más, a veces menos, pero la sombra constante, día y noche, día tras día, año tras año. Para siempre.

El trabajo del arte se elige, y las razones siempre permanecen insondables.

Pero la sospecha es que siempre somos mejores en nuestras obras.

Lo real se impone, ya no hay dueños, pero somos eso.

O sea, eltrabajo del arte tiene su premio, se nos devuelve como entidad.

Todo esto puede acarrear una solemnidad aplastante, todos lo sabemos y quizás haya sido esa, el fantasma de una solemnidad mortuoria, lo que ha impulsado toda una tradición rioplatense a echar mano al humor y la ironía como una constante de su quehacer, y dato muy central en la construcción de las obras.

El trabajo, el esfuerzo, el discurso y la sonrisa.

En las últimas generaciones nos ha llegado ese legado de la mano de artistas como Fermín Eguía, Pablo Suárez y Antonio Seguí.

Y quizás Antonio Seguí ha sido una adhesión deliberada en Tulio Romano, por una proximidad territorial, y seguramente una presencia temprana también.

Me hice a la idea de que Tulio Romano bascula así entre polos excepcionales y complementarios, complementarios en su hacer y por su elección sin dudas: Antonio Seguí,como presencia próxima de toda una escuela rioplatense, y Constantin Brancusi, como paradigma del escultor moderno.

El humor es fuerte y permanente en la obra de Tulio Romano, pero corre paralelo a una incesante preocupaión por la precisión y el refinamiento en la talla y el trato de los materiales.

El dibujo de sus figuras es impecable, el tratamiento de la madera, sobre todo y casi siempre la madera, en sus diferentes aspectos y momentos siempre es precisa, delicada y siempre apropiada al carácter de cada obra.

Tulio Romano sabe decir y sabe hacer, se esfuerza y parodia el esfuerzo a traves de gimnastas que como alter egos persiguen lo indecible.

Se arriesga al color, y lo hace bien. El color en sus obras recuerda que la escultura también nació para ser pintada. o que ser pintada es una propiedad que le es afín.

Así, lo cotidiano es tomado con ternura, la materia con esfuerzo y oficio, y el arte con la dignidad del que sabe que ha firmado un contato irrevocable.

 

Tulio de Sagastizábal, abril de 2017.